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Venezuela: Presidente, respete a nuestro país – por David Morán Bohórquez


La política exterior de Hugo Chávez es antinacionalista. Además de entreguista y basada en la promoción de la figura del propio Hugo Chávez. Una política internacional poco profesional que nos ubica hoy fuera de la Comunidad Andina de Naciones, grupo del cual fuimos promotores y fundadores, y mendigando el ingreso al Mercosur, que de concretarse terminaría de acabar con la poca industria que aún sobrevive en el país. Una política exterior de carrito chocón, de intromisión subimperialista, de penosa entrega a los sátrapas Castro. Una política exterior de chantaje, de corrupción y de escándalo. Una política de apoyo a terroristas, mafiosos, chulos, mal vivientes y guerrilleros. Una política exterior que acepta a conveniencia el derecho internacional y si no lo maltrata a placer cuando no lo favorece.

Esa política exterior no es de Estado, no representa al país, sino a una parcialidad política y fanatizada que a troche y moche pretende imponerse a la Nación.

Una infame política exterior que ha procurado la desaparición del sector privado nacional privilegiando las importaciones y contrataciones de empresas extranjeras como nunca nadie lo había hecho en el país.

Una política exterior que ha dedicado enormes recursos para criminalizar en el mundo a los propios venezolanos que no comulgamos con su gobierno, tal como hace en el plano interno.

El vehículo, el ariete favorito de Hugo Chávez y su camarilla para desarrollar tal política ha sido PDVSA. La PDVSA roja es la evolución de una penosa sucesión de degradaciones. La peor de ellas, la de la sustitución del mérito por la militancia, que degrada la dignidad del hombre y la de su familia al capricho del oportunista de turno.

La PDVSA roja ha sido una máquina de atropellos, de desconocimiento de contratos, de ariete para confiscaciones, de entregas impensables de recursos de los venezolanos a países extranjeros por órdenes políticas.

La PDVSA roja es una descomunal máquina de corrupción, donde la mayoría cómplice quiere participar en las migajas que dejan los grandes jefes. No hay contrato, compra, alquiler que no lleve una coima en su ADN. Desde gabarras, taladros, buques, tubos, bridas, botas y guantes hasta carros, comida, libros, medicinas, turbinas y cualquier otra cosa que el gobierno de Hugo Chávez le dé por encargo llevan una mordida corrupta para los administradores de turno. Gerentes y funcionarios de PDVSA hicieron enormes fortunas corruptas en el mercado permuta. En las colocaciones financieras. En las emisiones de sus bonos de deuda. Los jefes de los sindicatos serviles de la PDVSA roja venden los puestos de trabajo a los que quieran entran y se prestan a que al personal le desmejoren las condiciones laborales en un boom de precios petroleros. Una empresa que le regaló el desarrollo de la Orimulsión a los chinos. Que participa en el más grande derroche de recursos de hidrocarburos al botar la gasolina a un precio irrisorio en el mercado interno mientras poderosas mafias internas en concubinato con el poder militar la trafican a placer en las fronteras a precios que le significan a ese negocio más de 4.000 millones de dólares por año, obtenidos de recursos públicos. Claro, el contrabando es ilegal, pero no perseguido por la temible DEA de EEUU.




La PDVSA roja trata a sus jubilados como estorbos, desmejorando notablemente la asistencia médica por la que contribuyeron toda su vida.
La PDVSA roja se llenó de consignas políticas. De inexpertos militantes del partido, que llevan los accidentes de la industria a niveles alarmantes. Esa empresa está hoy en un estado de semioperatividad, tanto en exploración, como producción como refinación. Ni se diga de la sobrenómina que medra y entorpece su propia actividad, que ahora alcanza a más de 100.000 trabajadores cuando la totalidad de la actividad se podría hacer con 40.000.

La PDVSA roja maneja una flotilla de aviones VIP que es considerada la más grande de empresa alguna de América Latina, incluyendo países como México y Brasil.

La PDVSA roja no le rinde cuentas al pueblo. No presenta balances auditados. La PDVSA roja por órdenes de Hugo Chávez vendió a su entender valiosos activos en Europa dejándole ese mercado de gratis a los rudos. La PDVSA roja es la verdadera caja negra de esta administración.

¿De cuál dignidad habla Chávez y su gente acerca de PDVSA? ¿Cómo piden defender a PDVSA que es indefendible? ¿De quién? Qué cinismo. Los que la han destruido le piden a los demás que la “defiendan”

No gracias. Hágalo usted mismo presidente Chávez, que bastante que ha buscado retar al gobierno de los EEUU con las confiscaciones y expropiaciones a las empresas de sus ciudadanos, los insultos a sus presidentes, funcionarios e instituciones. En las formación de grupos y contracumbres contrarias sus intereses. A sus denuncias de genocidas. Usted que ha personalizado la política exterior del país y controla la totalidad de PDVSA, incluyendo sus ingresos que maneja a capricho y le escamotea a las gobernaciones y alcaldías lo que por ley les corresponde, de el paso el frente, presidente.

No me asombra si EEUU dio pasos ilegales e unilaterales. Usted se ha cansado de darlos. Tampoco me preocupa que sus acciones bajen o suba el precio del petróleo. Total usted lo tiene anclado en 40 USD para el pueblo venezolano desde hace tres años. No me entusiasma saber que tiene el mercado de PDVSA diversificado, total al pueblo lo que le importa es que esos barriles los paguen y bien. No me quita el sueño PetroCaribe y el ALBA, que son sus cargas financieras innecesarias y caprichosas a un pueblo pobre.

No me alegra cuando mandatarios extranjeros le dicen que se calle. Que sea varón. Que es un parlanchín. Me entristece cuando dicen que los cubanos que mandan a Venezuela Fidel Y Raúl como sus “asesores” lo miran con desdén.

No se equivoque presidente Chávez. Para pedir dignidad al pueblo venezolano primero tiene que demostrarla usted. Dignidad supone autonomía, y la única posible en este caso es que usted ordene la continuación de los barcos con cargamentos de gasolina a Irán. Tome el teléfono, y dígale a la Sra. Clinton que desde mañana mismo se interrumpe el suministro de petróleo a EEUU hasta que ella se acerque a conversar a su despacho en Miraflores. ¿Qué le impide hacerlo?




Usted sabe que no es EEUU, ni la ONU. Ha sido su empeño personal en aliarse con unos de los regímenes más siniestros de la humanidad el que lo tiene en esta disyuntiva. Decida presidente con dignidad. Háblele claro al pueblo de los reacciones “unilaterales” que traería su acción “unilateral”. Explíqueselo a sus compañeros de armas, dígales que los militares son los primeros en poner el pecho en la defensa de la patria.
No manipule al pueblo venezolano, que bastantes problemas tiene en sobrevivir a su antihistórica gestión. Presidente, respete a Venezuela.

Fuente: Hacer Latinoamérica

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