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Obra donada por la Artista para el Primer Concurso Arte Sin Mordaza
de Creación Digital, sobre La Libertad en Venezuela

Cuenta la leyenda que el origen de Amnistía Internacional se encuentra en una carta así titulada que habría redactado el abogado británico Peter Benenson y publicado el periódico The Observer, en su primera página, el 28 de mayo de 1961. Aparentemente como reacción al arresto de unos jóvenes portugueses que se habían atrevido a brindar por la libertad durante la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar.

Pero Benenson nunca estuvo preso ni olvidado, con el respaldo de The Observer su libelo se leyó en medio mundo y de inmediato comenzó a recibir miles de cartas de adhesión de todos los confines de la Commonwealth. Con verdadero espíritu imperial, A.I. ha establecido oficinas de representación en más de 150 países, incluso Venezuela.

Desde el principio, la carta fue presentada como una “plataforma” para una campaña “no sectaria” por la amnistía de los que definieron como “presos de conciencia”, esto es, “cualquier persona que esté físicamente limitada a expresar cualquier opinión que ella misma honestamente mantenga y a través de la cual no defienda o justifique violencia personal”. Aclarando: “También excluimos a aquellos que han conspirado con otro gobierno extranjero para derribar el propio”.
Luego presentan algunos ejemplos advirtiendo que “ninguno de ellos es político”. El primero es “el destacado poeta angoleño Agostinho Neto”, médico, cuyos “esfuerzos por mejorar los servicios sanitarios de sus compatriotas eran inaceptables para los portugueses. En el pasado junio, la Policía Política entró en su domicilio y lo azotó arrastrándolo fuera. Desde entonces se encuentra encarcelado en las Islas de Cabo Verde, sin ningún cargo ni juicio”.
Sería demasiado arduo hacer un recuento de la trayectoria política de Agostinho Neto, pero no es difícil de averiguar. En verdad, había estado preso en muchas ocasiones anteriores y en una de ellas, en 1956, fundó el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), organización que presidió desde 1959. En 1960 fue preso una vez más, pero no “por mejorar los servicios sanitarios de sus compatriotas” sino, según su biografía, “por su militancia anticolonialista”.
Las revueltas que originó su detención fueron de tal magnitud que fue deportado a las Islas de Cabo Verde. En 1961, coincidiendo con la declaración de Benenson, el MPLA se declaró marxista-leninista e inició la lucha armada contra Portugal. En 1965, de acuerdo con un guión conocido, Agostinho Neto estaba en La Habana celebrando una alianza estratégica con Fidel Castro en su guerra global contra “el imperialismo”.
Este hombre, que “no es un político”, según la declaración fundacional de A.I., en 1975 se autoproclamó primer presidente de la República Popular de Angola, una vez que se produjo la retirada del ejército portugués. Entonces, con el apoyo de Cuba y la URSS, inició la más larga y cruenta guerra civil que haya conocido el África, que se prolonga aún en nuestros días.
Patrocinó la ocupación de su país por un ejército cubano de más de 50.000 hombres para enfrentar la invasión sudafricana y los ejércitos rebeldes del FNLA y UNITA, hasta que firmaron en New York el acuerdo trilateral Cuba-Suráfrica-Angola, en 1988.
Pero esto no lo vió Agostinho Neto que había fallecido en Moscú en 1979 durante un tratamiento médico, según la lacónica versión oficial. Para entonces las bajas en Angola, en cuatro años de revolución socialista, eran apenas 500.000 muertos.
Como se ve, este hombre es la antítesis punto por punto de las características que había establecido A. I. en su “plataforma fundacional” para definir sus “presos de conciencia”. ¿Sabía entonces Benenson cuál era el perfil de su defendido? Pero sin duda lo supo después, puesto que murió recién el 25 de febrero de 2005. ¿Alguna vez intentó una explicación, justificación, rectificación, aclaratoria, retractación? No se sabe; pero lo más sorprendente es que nadie se la pidió.
Los británicos, extraordinariamente acuciosos investigadores, nunca pusieron de relieve hechos que están a la vista, ni jamás cuestionaron al bienintencionado, ingenuo, desprevenido, desinteresado o cándido doctor Benenson.
La quemante pregunta es si A.I. fue siempre, desde su origen, lo que solamente ahora venimos a darnos cuenta, por causa de su desconcertante actitud de convalidación y complicidad con la situación de los presos políticos en Venezuela.
La bancarrota moral y política del socialismo (nacional e internacional) arrastra consigo la quiebra de A.I., como empresa colonial.

YO ACUSO

El antecedente más notable de la carta de Benenson quizás sea el conmovedor alegato así titulado redactado por Emile Zola, publicado a su vez por el periódico L’Aurore, el 13 de enero de 1898. El motivo fue el juicio y condena de Alfred Dreyfus, oficial (de origen judío) del estado mayor del ejército francés, confinado en la Isla del Diablo siendo inocente.
Por alguna razón misteriosa, esta flagrante injusticia soliviantó la conciencia del escritor y su panfleto, difundido por L’Aurore en trescientos mil ejemplares, que incluso hoy en día es una tiraje respetable, partió en dos a la opinión pública francesa, llevándola al borde de una conflagración civil.

La pregunta es hoy más pertinente que nunca: ¿Por qué “la espantosa denegación de justicia” sufrida por un solo hombre pone en peligro la existencia de la República? Para Zola la respuesta es evidente. Si Dreyfus es inocente, entonces el poder judicial francés es culpable. Y mucho más allá, siendo que esta intriga se urdió en los pasillos del alto mando, todo el Estado Mayor sería indigno de confianza. “Conozco a muchas gentes que, suponiendo posible una guerra, tiemblan de angustia, ¡porque saben en qué manos está la defensa nacional!”
Clemenceau, director de L’Aurore y responsable político de la conducción de los defensores de Dreyfus, parecía tener claro que “una infracción de los derechos de un hombre es una infracción de los derechos de todos los hombres”. Este punto de vista tiene como base una concepción contractualista del Estado, perfectamente resumida en la frase, cara a la cultura francesa, “todos para uno, uno para todos”, que todavía hoy resuena en el fundamento espiritual de la unidad nacional no sólo en Francia sino en todo el mundo.
El punto es demasiado apremiante para dejarlo de lado. ¿Cómo es posible que un caso judicial atinente a una sola persona y acaso a su familia pueda conmocionar a toda una sociedad, aún en el siglo XIX? En cambio, en Venezuela, los presos se cuentan ya por decenas y las charadas judiciales por miles y ¡a nadie parece importarle!
Dice Zola y quizás tenga toda la razón: “Cuando un pueblo desciende a esas infamias, está próximo a corromperse y aniquilarse”. El factor de disolución es la ruptura del pacto social. Cuando las personas no son defendidas en sus vidas y en sus bienes por el Estado, entonces lo que viene es un “sálvese quien pueda”, una situación anterior al Estado Civil, esto es, la barbarie. Pero tampoco se le debe acatamiento a tal Estado, que es un enemigo más en la contienda.
Es la situación del millón de empleados desamparados en Cuba a su propia suerte y de toda persona que no forme parte del actual régimen en Venezuela, para las que no existe protección legal alguna y se dejan abandonadas a la intemperie. Esas personas no tienen ninguna razón jurídica ni política para obedecer a semejante régimen, como no sea por la amenaza de la fuerza bruta.
Este es el fin de la política y el paso a la violencia, el prolegómeno de la guerra civil, según las teorías jurídico-políticas más aceptadas. Todos los derechos se vuelven precarios y ceden a las vías de hecho. El único árbitro es la fuerza que despliegue cada cual, como “poder” retornado a la comunidad por la disolución del Estado.
Con la renuncia a sus funciones propias, las FFAA pierden también lo que les es más consubstancial, “el monopolio de la violencia legítima”. Ahora toda violencia sería legítima.

LA CARTA DE LA OEA
Esta última carta haría innecesarias todas las anteriores, porque su propósito debería ser formalizar las aspiraciones que aquellas expresaban en términos más bien morales, mientras que ésta es un instrumento jurídico, un tratado, incluso de rango supra constitucional, no obstante, lo que ha mostrado es la más desalentadora esterilidad, se ha convertido en letra muerta.
La ineficacia jurídica de la Carta es apenas una de las consecuencias, ni siquiera la más grave, de la esterilización política de la OEA, por causa del control que ejerce sobre ella el socialismo internacional a través de su secretario general, el socialista chileno José Miguel Insulza.
Para no desorientarnos en la alfombra roja tendida a la dictadura castrista, en sus abominables ejecutorias contra Honduras, la complicidad con las farsas escenificadas en Bolivia y Ecuador, la agresión de Nicaragua contra Costa Rica, limitémonos por un momento al caso venezolano.
La OEA y su secretario general José Miguel Insulza deben ser juzgados no tanto por lo que hacen sino por lo que no hacen. Por ejemplo, en el trágico caso del señor Franklin Brito, seguramente se podrán revolcar todos los archivos del organismo sin encontrar el menor rastro de nota escrita, ni testimonio de conversación alguna en que hayan pedido que lo desalojaran del frente de sus oficinas en Caracas.
Pero es un hecho grande como un templo que tampoco hicieron el más mínimo gesto cuando lo desalojaron, ni cuando lo secuestraron sin proceso alguno en el Hospital Militar, ni cuando murió en circunstancias tan oscuras, ni nunca después, ni siquiera una cínica nota de condolencia: Para la OEA, como es propio de la mentalidad socialista-estalinista de su secretario general, el señor Franklin Brito nunca existió.
Otro tanto puede decirse del rocambolesco pronunciamiento sobre la llamada Ley Habilitante, donde lo hilarante no son los pasitos para adelante y para atrás, sino el contenido mismo de su declaración. En Venezuela lo único objetable es esa ley, todo lo demás, está bien.
Incluso José Miguel Insulza debería saber que cuando en un país se reúne el comando militar y la potestad legislativa en una misma persona eso se llama “dictadura”, desde la antigua Roma hasta nuestros días; pero no, a él le parece que esa es la peculiar forma en que los venezolanos entendemos la democracia.

La actitud ante el caso de la juez María Lourdes Afiuni no sería menos grotesco si no coincidiera plenamente con la de la canciller española Trinidad Jiménez y la inefable Amnistía Internacional. Todos dicen que van a observar el caso “concreto” de la juez, que les causa cierta “preocupación”.
Pero caso concreto significa individual, aislado; ergo, todo esto ocurre en un contexto de democracia y libertad incuestionables: los otros presos políticos no existen.

Los socialistas han aprendido a “aprobar condenando”. Cuando les queda muy mal el aplauso, entonces “rechazan” un hecho puntual, particularmente despreciable, con lo que todo lo demás pasa por debajo de la mesa.
Esta ingeniosa fórmula socialista sólo hace más repugnante su inmoralidad, aparecen como si se desvincularan de lo que patrocinan.

Luis Marín
06-02-11

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I BANCARROTA DE LA II INTERNACIONAL

Luis Marín
La terquedad de Trinidad Jiménez, secretaria de relaciones exteriores del PSOE, ahora canciller de España, en negar hasta la mera existencia de presos políticos en Venezuela, revela no solo la quiebra moral del socialismo internacional sino también su decadencia intelectual.


Ahora nos enteramos que el compromiso de España con los Derechos Humanos, lo que a Garzón le encanta llamar “jurisdicción universal” cuando se trata de la derecha, depende del lente con que los mire Amnistía Internacional y Human Right Watch, dos organizaciones declaradamente izquierdistas y antisemitas que tienen un larguísimo historial de mirar para un solo lado del espectro político.

Es un hecho incontrovertible que ante esta declaración no se han inmutado, no han hecho el menor pronunciamiento, ni rectificación, lo que además las deja muy mal paradas, puesto que se autodefinen como ONGs; pero ahora, a partir de esta declaración, se convierten en una especie de instancia que hay que agotar para lograr alguna consideración por parte de la cancillería española.

Esto constituye un viraje sorprendente respecto de la visión expresada por la anterior ministra de relaciones exteriores, Ana Palacio, quien había advertido que estas organizaciones no muestran ninguna atención al antisemitismo, ni lo incluyen entre las violaciones a los derechos humanos. Giro que ilustra el paso de la administración Zapatero de una política exterior de Estado a otra de partido.

El procedimiento Trinidad impone dirigir rogatorias a AI y HRW para ser inscritos en sus listas de “prisioneros de conciencia” y así comenzar a “existir” en el ámbito internacional y ser tomados en cuenta al menos por España. Este carácter constitutivo de la inscripción en AI y HRW es inédito en el mundo.

El problema es que para AI y HRW la juez María Lourdes Afiuni, Alejandro Peña Esclusa, los comisarios Iván Simonovis, Lázaro Forero, Henry Vivas y los seis policías metropolitanos, el general Felipe Rodríguez, el capitán Otto Gebauer y una larga lista en la que quizás haya que incluir a los tres recién electos diputados a la Asamblea Nacional, no califican como tales “presos políticos”.

HRW es harto conocida en Venezuela, en particular por el énfasis con que su director José Miguel Vivanco se refiere al “Golpe de Estado de abril de 2002” del que dice no tener ninguna duda y que condena enérgicamente; aunque en verdad todavía nos debe la explicación de cómo es que el desencadenante del “golpe” fue el general Lucas Rincón, después flamante embajador en Portugal y contumaz defensor del régimen “depuesto”.

Tampoco ha explicado Vivanco cómo es que Chávez se atribuye el mérito de esa gesta gloriosa que se ufana de haber provocado él mismo deliberadamente.

Ni cómo la responsabilidad política fue a recaer sobre humildes funcionarios, subordinados todos, pasando por debajo de alcaldes, jefes de otras policías, Guardia de Honor, Guardia Nacional, todas las demás fuerzas armadas, incluso paramilitares y parapoliciales, de las que no hay ni un solo preso. El golpe de Vivanco y Trinidad lo dieron nueve policías y un capitán; salvo sea Lucas Rincón.

HRW es la inventora de la doctrina según la cual en Venezuela se persigue a los medios “críticos” o de “oposición” al gobierno, visión que ha impuesto en el exterior y que han comprado gustosamente incluso voceros de estos medios en el interior, ocultando que en este país cualquiera que diga la verdad se convierte sólo por eso en opositor y crítico.

En Venezuela no hay ningún medio de oposición, esa es una mentira cotidiana; el problema es que quien muestre la realidad tal como se ve, que deje hablar a la gente tal como se oye de inmediato es etiquetado de opositor y agredido como tal.

Lo que se ha impuesto es la paranoia de Estado, importada de Cuba, que no admite ni siquiera el concepto de “información”, sino el de guerra psicológica, desinformación y propaganda, de acuerdo con la concepción militarista que nos abruma. La independencia de los medios no existe ni puede existir en este régimen, porque los reduce a instrumentos de su guerra mítica contra “el imperio”.

AMNISTÍA INTERNACIONAL

AI tiene el mérito indiscutible de haber convertido a los presos de Guantánamo en los presos más importantes del mundo, ante los cuales se inclinan todas las cárceles de Venezuela, por no mencionar cualquier otra que haya en Cuba donde, como se sabe, tampoco existen presos políticos.

Los voceros de AI no dudan en calificar a Guantánamo como “el Gulag de nuestro siglo”, con lo que logran el doble propósito de disculpar el genocidio comunista atribuyéndole uno peor al imperialismo yanqui, con la pequeña salvedad de que estos serían unas centenas de mujahidines, que continúan vivos, en contraste con millones de familias inocentes expropiadas, deportadas y exterminadas por Stalin, en un plan de colectivización que produjo la hambruna más mortífera de la historia rusa. Una comparación sumamente humanitaria.

La moral de AI da como para conseguir indemnizaciones millonarias del gobierno británico para estas víctimas de la lucha contra el terrorismo, riéndose en las narices de miles de mujeres mutiladas en Afganistán, Irán y Nigeria por estos mismos mujahidines, fundamentalistas islámicos.

¿Por qué aunque sean los presos comunes venezolanos no pueden tener ni una fracción de la atención por parte de AI de la que les sobra a los de Guantánamo?

En cambio, por poner solo un ejemplo sin ninguna intención polémica, AI no tiene empacho en poner en su lista de presos de conciencia a Samir Kuntar, un militante de Hizbulá procesado y condenado en Israel por asesinar a culatazos a una niña de cuatro años y acribillar a su padre en un intento de secuestro, en que también murió su hermanito de dos años y la madre de ambos niños. Sólo lo sacarían de la lista una vez que fue canjeado por los cadáveres de dos soldados israelíes que habían sido secuestrados en el Líbano.

AI ha promovido en España una ruidosa campaña para que niños de escuelas primarias envíen cartas a las embajadas de Israel protestando por el conflicto del Medio Oriente con un claro sesgo antisemita, de la que el caso de la escuela de Castell de Almoines es sólo un ejemplo.

Algunas cartas publicadas tienen mensajes tan humanitarios como “Sr Embajador: ¿A cuántos niños palestinos habéis matado hoy?” O bien: “Debería comenzar a pensar en no asesinar niños palestinos”. Otra: “¡Iros a la porra con vuestro dinero!” Inocentes cartas exhortan a los judíos a abandonar Palestina y marcharse a otro lugar, no especificado, “donde sean aceptados”; aunque es presumible que ese lugar no sea España, de dónde fueron expulsados tan temprano como 1492, cuando apenas se estaba fundando el Reino.

Frank Johansson, jefe de la sección de AI Finlandia, ha ganado gran notoriedad este año por su calificación de Israel como “estado basura”; aunque la dirección de AI en Londres ha transmitido la tranquilizadora aclaratoria de que el calificativo utilizado por su agente (nilkkimaa), no significa lo que de manera inexacta se ha traducido al inglés como “scum state”, ni escoria o carroña, sino sólo “asqueroso”. Ante el interrogante de si algún otro país merece esta alta calificación de AI, no mencionan ninguno. La particularidad discriminante conferida a Israel es otra variante del antisemitismo moderno.

AI califica a Israel como el peor violador de derechos humanos en el medio oriente, a quien ha dedicado el mayor número de informes y condenas, con la probable excepción de Irán, lo cual no es muy alentador, considerando que en Israel no se lapidan mujeres, ni se cuelgan homosexuales y opositores políticos a discreción.

HUMAN RIGHT WATCH

Marc Garlasco se lleva la presea dorada en HRW. Asesor experto es cuestiones militares, redactor de encendidos informes (valga la expresión) sobre el uso de fósforo blanco en Gaza y otros crímenes de guerra israelíes, se destapó como un maniático coleccionista de parafernalias nazis.

Es muy perturbadora la excitación que dice le produce en la sangre el contacto con el cuero de las chaquetas nazis. Puede haber algo atávico en esto, porque su abuelo fue piloto de la Lufwaffe, lo que es motivo de su mayor orgullo y de alguna manera explica su gusto por las águilas, esvásticas y cruces de hierro.

Su identificación personal como “Flak 88”, a primera vista el nombre de un cañón antiaéreo nazi de 88 mm, en realidad encierra un criptograma conocido por los aficionados al tema, que llaman la octava letra, “HH”, que significa: “Heil Hitler”.

HRW condena a Israel a la par que a Hamas y Hezbolá, proponiendo que se les haga, a ambos bandos, un embargo de armas que para Israel incluye un boicot a sus exportaciones, sin distinguir que uno es un Estado soberano, con un régimen de derecho, legítimo y una sociedad abierta, reconocido por la ONU y la UE; mientras los otros son organizaciones terroristas, igualmente reconocidas como tales por la comunidad internacional.

Tanto AI como HRW han adoptado el convencionalismo de referirse siempre a los “territorios ocupados” de Palestina, con plena conciencia de que éste es un eufemismo aceptado por todos los extremistas palestinos como medidor de su radicalismo: ser “moderado” supone reducirlos a 1967, pero los ultra radicales los extienden a 1948; de manera que la lucha contra Israel sería de liberación contra ocupantes extranjeros, idéntico al proceso de descolonización del siglo pasado.

Esta posición consistente de AI y HRW hace plausible el plan de “borrar a Israel del mapa”, tan fervorosamente apoyado por el nacional e internacional socialismo.

La ideología que inspira a AI y HRW puede resumirse en muy pocos ingredientes (además de izquierdismo que apareja como la cola al perro el antiamericanismo y antisemitismo) que los une a movimientos antimundialistas o antiglobalización y los vuelve mimados de las cadenas de televisión identificadas con el color rojo, como la BBC de Londres, CNN y la española TVE.

Estos ingredientes son: multiculturalismo, que despierta la pasión por los pueblos oprimidos del tercer mundo y el odio contra los opresores, siempre que sean americanos e israelíes (los rusos, chinos, persas, brasileños no son imperialistas); ecologismo, que anima la defensa de la madre tierra y motiva el repudio de las potencias contaminantes del hogar común (léase EEUU, para no ser repetitivos); feminismo (excepto en los países islámicos, que están protegidos por su especificidad cultural); homosexualidad y lesbianismo, que parece ser un asunto gremial y la correlativa lucha contra el SIDA; por último, pero no menos, la reivindicación de lo diferente, del “otro”, de tipos raros o excéntricos, fenómenos, naturales o no, que exaltan lo monstruoso, el sadomasoquismo, que ofenda la sensibilidad común que ellos desdeñan como mediocre o “pequeñoburguesa”.

Como buenas hijas de Europa y EEUU, AI y HRW son epifenómenos del neo decadentismo occidental, institucionalización del auto odio y la culpa blanca, involuntarios flatos de la Segunda Bancarrota de la Segunda Internacional Socialista.

Que Dios los lleve a su Santa Gloria.

 
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