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Escrito por Trino Márquez

Llamar expropiaciones o confiscaciones –conceptos que aparecen en los artículos 115 y 116 de la Constitución- a los ataques contra la propiedad privada que el régimen ha perpetrado desde el triunfo de la alternativa democrática el 26-S, es un eufemismo que no muestra en su verdadera dimensión la política de tierra arrasada que el Gobierno nacional está aplicando contra la libre iniciativa. El verdadero nombre de esa embestida es pillaje, asalto o robo puro y simple.

El artículo 115 señala que las expropiaciones procederán “sólo por causa de utilidad pública o interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno de justa indemnización”. El 116 dice que “por vía de excepción podrán ser objeto de confiscación, mediante sentencia firme, los bienes de personas naturales o jurídicas, nacionales o extranjeras, responsables de delitos cometidos contra el patrimonio público, los bienes de quienes se hayan enriquecido ilícitamente al amparo del Poder Público y los bienes provenientes de las actividades comerciales, financieras o cualesquiera otras vinculadas al tráfico ilícito de sustancias psicotrópicas y estupefacientes”.
Con Agroisleña, SIDETUR, Owens Illinois y el Sambil de la Candelaria, ninguna de esas condiciones establecidas en la Carta Magna se cumplieron. Con esas firmas -además de que operaban eficazmente, pagaban sus impuestos y mantenían excelentes contratos colectivos con sus trabajadores- no se cumplió el debido proceso, ni existió ninguna sentencia firme que respaldara la decisión de someterlas al control del Presidente de la República. Esas empresas -que el Gobierno haya informado- no cometieron ninguna clase de delito contra el patrimonio público, ni sus dueños se enriquecieron al amparo del Poder Público, ni sus bienes provinieron de actividades vinculadas con el narcotráfico. La decisión de capturarlas y colocarlas bajo la férula del Ejecutivo obedece estrictamente a razones políticas e ideológicas. Lo que la claque en el poder busca es acabar con la propiedad privada de importantes medios de producción con el fin de acrecentar el poder de un Estado, que ya de suyo posee la inmensa potencia que le proporciona el monopolio de la industria petrolera. Nada nuevo en esta “tropicalización” de Marx por estos neomarxistas.
A las urbanizadoras “expropiadas” -en el caso de que se les hubiese comprobado algunos de los delitos económicos de los que habla el artículo 114 de la Constitución- se les pudo haber aplicado una multa o sanción fuerte, que alertara y disuadiera a otras empresas que estuviesen incurriendo en esa clase de ilícitos. Pero al régimen no le gusta la seriedad, prefiere el histrionismo y las bufonadas que intimidan.
El saqueo de los bienes y del patrimonio colectivo es intrínseco al comunismo. Desde la época de Lenin y Stalin esta forma de colectivismo ha echado mano de la riqueza de los otros. En Rusia, Stalin despojó a los empresarios industriales y agrícolas de los activos que habían acumulado a lo largo de décadas de desarrollo capitalista. Lo mismo hicieron los demás dictadores comunistas. Incapaces de crear riqueza, lo que hacen es apropiarse de lo existente para someterlo al dominio de una casta burocrática ignorante, insensible, arrogante y desconectada por completo de los procesos productivos reales. Por eso es que todo lo que toca esa burocracia inepta queda convertido en escombros. Las empresas de Guayana, especialmente SIDOR, representan un ejemplo de lo que es la actividad económica manejada por los comunistas. La Constructora Nacional de Válvulas (CNV) no ha producido ni un émbolo desde que el gobierno revolucionario la tomó. Mejor no hablemos del Metro, Planta Centro, Pudreval, BusCaracas y Metrocable.
Con la política del pillaje quienes salen más perjudicados son los trabajadores. Allí están los testimonios de los empleados de la Owens quienes se resisten a correr la misma suerte de los de Guayana. 
Recordemos a Franklin Brito, mártir que combatió al comunismo, más por dignidad y principios personales que por convicciones teóricas. Brito se negó a que le ocurriese lo mismo que les está pasando a los antiguos propietarios de las joyerías del edificio La Francia, quienes fueron despojados de sus haberes sin luchar, pensando que el Gobierno retrocedería. Los comunistas solo entienden el lenguaje de la fuerza y la resistencia. 
Ante la radicalización del jefe del Estado hay que crear un frente nacional de defensa de los derechos de propiedad.
@tmarquezc

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Sin que él siquiera lo sospeche, El Tiranito sirve – de manera dolorosa y desagradable muchas de las veces - para que la sociedad entera tome conciencia de su propia debilidad.

Si le dijeran eso al Tiranito lo desmentiría de inmediato, porque entre sus propósitos no se encuentra en modo alguno el de servir, aunque lo proclame todo el tiempo. El está para ser servido y obedecido, halagado y aplaudido. Por su nobleza, por su grandeza y por un montón de otras cosas grandes e importantes…su sueño, su delirio, es figurar en la Historia (con mayúscula) junto a los grandes de todos los tiempos. Poco importa si se trata de gigantes de crueldad o de ignominia, lo importante para él es que sean notorios, famosos, célebres. El Tiranito busca que lo tomen en cuenta y no le importa cómo, ni cuando, ni por qué.

Antes se la pasaba citando a los próceres, porque al citarlos y mencionarlos sentía que salía con ellos en la foto. Ahora ha encontrado otra manera de llamar la atención.

Dirige su dedo hacia cualquier cosa que considera importante o notoria y exclama:

“¡Exprópiese!”.

Eso produce un resultado mágico, como si su dedo fuera una varita de prestidigitador: unos aplauden y otros gritan y profieren insultos y alaridos; así el Tiranito cumple con su objetivo de mantenerse en el centro de las miradas.



Y, como decía, esto es algo que puede – como casi todo- servir de lección a la sociedad. Para entenderlo hay, sin embargo, que alejarse del bullicio del circo y tomar asiento sosegado en un lugar tranquilo. Hay que meditar, reflexionar.

Si uno reflexiona un poco, se da cuenta de que todos los tiranos muestran y re-presentan al entrar en escena aquello que el público más anhela , para ir, poco a poco, transformándose hasta llegar a mostrar y representar aquello que más se odia y se teme. ¿Cómo puede ocurrir esto? 

Primero que todo, por creérselo. Una ilusión sólo funciona si aceptamos tomarla por realidad. Cuando vamos al cine o al teatro y lloramos con los infortunios del protagonista, es porque hemos cedido a la tentación de creer que se trata de una realidad y no de una ficción cuidadosamente ensamblada para hacerla verosímil. Nos gusta dejarnos llevar por la historia y sentir que lo que allí está ocurriendo nos ocurre a nosotros. Vivimos las aventuras del héroe como si fueran nuestras, para sentirnos héroes también por un rato. 

Lo bueno es que la película termina y nos vamos a casa.

Lo malo, cuando se trata de política, es que la película continúa y que el sueño se convierte en pesadilla de carne y hueso.
Todo por creer. Por dar crédito, que es lo mismo. Porque el que da crédito da poder. Y el poder que se entrega a un hombre para que con él realice nuestros sueños es un poder nocivo y envenenado, porque nuestros sueños son nuestros y de nadie más. 

Y porque realizar sus sueños es el deber de cada quien y nadie puede cumplirlo por él.

Endosar esa tarea y entregársela a otro es expropiar, enajenar, lo más humano y verdadero que tenemos. 

Los pueblos que escurren el bulto de su responsabilidad de crecer y de realizar sus anhelos terminan siempre entregando su destino en manos de quienes, tarde o temprano, utilizan el poder para esclavizar a los mismos que se lo han concedido.

Esa es la debilidad que la sociedad debe ver en si misma y corregir. Porque ninguna sociedad entrega el más preciado de sus bienes, la libertad, si no es por negligencia, cobardía, indolencia o pereza.

Y esta es la más profunda, escondida y peligrosa expropiación.

oooooo
De nuestro corresponsal internacional

Traducido por
Pablo Brito Altamira

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Para nadie es un secreto que el régimen que lidera el presidente Chavez está en deuda con el país en materia de vivienda. Este déficit lo han tapado con millones de excusa para que no se ventile y no se vea el fracaso en materia habitacional.
En estos momentos el régimen expropia varios complejos habitacionales de constructoras privadas por incumplimiento de contrato, paralización de obras, manipulación de cartera crediticia y retención de documentos, haciéndose ver como el gran salvador de la clase media, cuando su único papel es
el de hacer que esa clase que ha venido avanzando con las uñas
retrocedan aceleradamente.

Los ciudadanos de a pie se preguntan ¿Quién demanda al Estado por incumplimiento de políticas efectivas de vivienda? Por construir casas en Bolivia, en Cuba y en Nicaragua sin consultarle a los venezolanos? ¿Cómo explica el régimen que en el periodo del Presidente Luis Herrera Campins (1979-1983) se construyeron 365.589 casas con el viernes negro incluido y con el Presidente Chavez (380.400) con un barril de petróleo a 130 dólares?

Cuando vendrá por parte del régimen una política de vivienda enmarcada en el barrio afuera, en donde los sectores populares sean transformados en complejos habitacionales dignos de vivir. El gobierno no puede demorarse más en la construcción de casas para los pobres, esa es una medida urgente y de vital trascendencia en la dignificación del venezolano. 
Todos los Ministros de Hábitat y vivienda que han puesto en los últimos 11 años han fracasado estrepitosamente teniendo todos los recursos en sus manos. En estos momentos con la expropiación de cementos (Cemex) y (sidetur) la mayor constructora de cabillas no hay excusas para poner a Venezuela en los primeros lugares en la construcción de viviendas en Latinoamérica.
Porque no hay que olvidar que fue en el 2007 cuando se construyeron mas casas en el gobierno de Chavez, pero fue el sector privado quien más ejecuto obras de esa índole, dejando atrás al sector publico en materia de la construcción.
Los venezolanos queremos que el sector privado y el sector público de la construcción se den la mano para pensar cómo serán las próximas soluciones al tema de la vivienda en el entendido que hay una deuda con la sociedad. Ver como un enemigo a constructoras privadas es un delito, hay que sancionarlas, regularles los precios y sentarlas para que tengan responsabilidad y sensibilidad social, pero no apartarlas porque sería un grave error que no ayuden al Estado.
Ya no hemos acostumbrado a ver como el régimen se burla de nosotros poniendo piedras fundacionales en cada rincón del país diciendo aquí se construirá el complejo habitacional (x) y al tiempo lo abandonan y es usado por los chavistas más vivos y no por los mas necesitados. 
Señor presidente ya le queda poco en la presidencia, despídase por la puerta grande y póngase a construir casas para que esos desposeídos a los que usted le prometió dignidad no lo recuerden como el mas charlatán y mentiroso de los mandatarios Venezolanos.

 
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